DE CÓMO TRIUNFANTE SALIÓ GRAZNARÍN DE LAS URNAS Y EL BRUJO FRAGANTE LE MANDÓ LLAMAR A PALACIO PARA CONOCER
LA CATADURA DEL NUEVO ASPIRANTE.
El ansiado y temido día de la gran batalla de las urnas en la ínsula castellana llegó. Una muchedumbre se disponía a decidir sobre el futuro político del héroe trovador y de su fiel escudero. Ambos recluyéronse en el castillo que el gran Brujo tenía en la zona. La espera fue tensa y muy pendientes estuvieron de los datos y sondeos que los canallescos gacetilleros daban en radios, televisiones y prensa de diversas filiaciones. A medida que los escrutinios alentaban sus ilusiones, nuevos amigos aparecieron por la sede prestos a dar ánimo y abrazos al valiente trovador. Coces turbado se mostró por tanta amistad espontánea y comenzó a cavilar mosqueado. Pensaba que si muchos se acercaban al señor Graznarín serían más a repartir, y privilegios por él bien ganados, podrían ser reclamados por vulgares aduladores que con falsas lisonjas, llenas de malicia, se dedicaban a trapichear en su contra para que perdiera la benigna influencia que sobre su señor ejercía.
Aprovechando un momento en que solos se encontraban, quiso plantearle a su amo la inmensa duda que se barruntaba entre sus sienes.
–Mi señor y amigo Graznarín, muy preocupado me siento y en aqueste momento cierto dolor me reconcome en las entrañas.
–¿Por qué temes Curro? Estos hermosos momentos son de esperanza y grande ilusión, la victoria se acerca y sólo el comienzo es de una inmensa gloria que ante nosotros se arrodilla.
–Si por eso bien que me alegro, lo que preocúpame es ver a tanto zascandil avispado en busca de prebenda por los alrededores, y muy prestos dirígense a abusar de vuestra generosidad. Témome que con su falso vasallaje y sus malas artes pretendan alejarme de su confianza.
–No temas en vano mi fiel y querido escudero, por muchos que vieres acercarse y a mi cuerpo abrazarse, ninguno como vos tuviera mi confianza. Es grande y farragosa la tarea de gobernar, y sobre nuestros hombros, aunque poderosos, en solitario no podremos soportar. Necesitaremos consejeros, secretarios, subsecretarios, delegados y asesores que a nosotros obedezcan y que de responsabilidad nos descarguen en ingratas tareas.
–¿Tanta gente mi señor es necesaria para chupar del bote? –preguntó sorprendido.
–La gente de confianza nunca es suficiente, pero fíate de mi entendimiento que no todos los que vieres aparecer rebosantes de felicidad por aquesta puerta me harán creer que son fieles, pues de buena tinta sé que el siniestro sevillano ha enviado a alguno de sus bellacos con las turbias intenciones de cizaña sembrar entre mis fieles seguidores.
–Deje a esos en mis manos señor, que como a alguno pille, con estos mis puños que en martillo convertiré, tal somanta de palos les daré que ni el sevillano ni sus madres volverán a conocerles.
–Bien que te creo, Curro, y en ti mi total confianza ratifico. Mas te digo que nunca temas por mi gratitud, que si tú fiel siempre me fueras, el inicio de mi lista de por vida ocuparás y tus consejos serán los primeros que este servidor escuche. –Gracias señor, y perdón le pido por mis indignos temores.
–No tan indignos, ya dijo un glorioso gobernante que donde hubiera consejero diligente y precavido, lugar no había para asesor pervertido.
Un emisario llegó corriendo con la buena nueva trayendo: el pueblo había dictado su ley, Graznarín había triunfado en buena lid y las huestes del sevillano se batían en retirada antes que quedarse a reconocer su derrota e inclinarse ante el nuevo gobernante.
Legión de aduladores al emisario siguieron y todos, enfebrecidos por el cava derramado, hasta altas horas de la madrugada la victoria celebraron. Planes y proyectos se hicieron por miles: yo no ambiciono y me contento con una consejería; para mí qué menos que una secretaría; modesto soy y de subsecretario me conformo; un pequeño despacho en palacio y ya me haré yo mis negocios, aunque tengo experiencia como vicedelegado. Mientras todos elucubraban y su futuro arreglaban, Graznarín se mostró sobrio y sereno, a todos escuchó y habló gustosamente con los cronistas enviados que entre ellos combatían fieramente por obtener el privilegio de conocer sus primeras impresiones.
Sus gestas a oídos del gran Fragante llegaron, y el brujo en su bola de cristal una visión tuvo del joven triunfante. A un fiel consejero puso de inmediato a investigar para que reuniera todos los datos y le hablara de ese nuevo portento que hechuras de primera figura tenía, aunque nunca presumía e iba camuflado de subalterno.
El consejero corriendo llegó a la guarida en la que el brujo, desde antes del alba, laboraba perfeccionando sus últimos conjuros que no habíanle reportado los premios por él deseados, y molestos efectos secundarios aparecieron en los conjurados. Tantos lustros de hechizos factura pasábanle al viejo por su ambición de hallar el elixir de la eterna juventud que al Ministerio de Información y Turismo le devolviera o a su embajada en la Gran Bretaña, que tampoco mal destino fuera.
Fragante se levantó como un rayo y a su consejero interrogó sin desmayo.
–Vamos,¿a-qué-esperas?Dímelo-todo.¿Quién-es-él?¿Cómo-me-conoció-a-mí?¿A-qué-dedica-el-tiempo-libre?Contéstame,lo-quiero-saber-todo.Vamos-no-te-quedes-ahí-parado-mirándome-con-esa-cara-de-estúpido –dijo Fragante, para él nunca había tiempo que perder y las pausas estaban de más a la hora de hablar.
–Parece ser que el discípulo que vos deseabais ha llegado. Hombre hábil es, trovos brillantes no le faltan, al pueblo encandila con la pasión de sus palabras, y mucho respeto y cariño hacia vos guarda. Siempre en sus floridos trovos habla del grande y regio Fragante como al ídolo al que adora y en quien sus ideas inspira. Mayor ilusión no tuviera que vos en su seno le acogieras.
–Adulador-y-zalamero-ha-salido.No-fiome-yo-de-tanta-lisonja-llena-de-jabón,pues-éste-escurridizo-es-y-resbalones-propicia.Y-témome-que-mis-fieles-servidores-fáciles-sois-de-engañar-por-fríos-embaucadores-que-de-vuestra-ingenuidad-se-aprovechan.Necesidad-tengo-de-conocer-a-ese-señor-o-tunante,que-cuando-yo-lo-vea-decidiré-la-calidad-de-su-ralea.
–Os aseguro que pareciome noble, gentil y honrado caballero.
–No-buenas-cualidades-para-político-son,pero-hacerle-llegar-el-mensaje-de-que-requerido-en-mi-trono-es-y-audiencia-le-concederé-para-conocer-sus-intenciones,y-si-complaceme-su-calaña,heredero-nombraré.
El mensaje del gran brujo Fragante puntual llegó a los oídos del señor Graznarín, que acopládose pronto había al puesto de gobernante de ínsula importante. Antes de emprender tan inquietante viaje reuniose con su fiel Curro y amplio debate tuvieron sobre cómo debieran abordar la corte del Fragante.
–Ya ves cuánta razón tenía cuando paciencia te pedí y que confianza tuvieras en mi presteza e ingenio. Si asaltado hubiéramos la corte del brujo para hacernos rápidamente con fortuna, breve historia seríamos y olvidados de cronistas yaceríamos lacerados.
–Grandes profecías las por mi señor proferidas. Indigno y mentecato fui por mis cortas luces de antaño. Mas con vuesa luminiscencia he aprendido y en hábil estratega voyme convirtiendo.
–Muy cierto es Curro que cientos de leguas por sórdidos caminos ha recorrido vueso trovo y vueso seso hasta convertirse en pulido diamante que miles de brillos lanza a cualquier diestra oreja.
–Abrumado siéntome con vuestros generosos halagos que excedidos parécenle a este humilde lacayo.
–Elogios no os regalo puesto que justos son, aunque senda larga os queda por recorrer para seducir con majestuoso virtuosismo a las masas que a vuestros trovos acudirán, y aún mucho más para desenmascarar a rufianes con la sublime locuacidad de vuesas proclamas. Mas ahora otro tema nos ocupa que peliagudo ha de resultar si preparados no estamos.–Hable mi señor, soy todos orejas.
–Duras pruebas he de superar para la confianza ganar de Fragante caballero.
–Airoso saldréis de la contienda señor y con mi fuerza y apoyo contaréis.
–De esto hablarte quisiera. Esta prueba de hombría, para la que reclamado soy, solo he de afrontarla; sin ayudas ni sustentos esta pendencia superar debo para alcanzar el alto rango de primer caballero y brujo consorte.
–¿Qué será de mí mientras vos sufre de tan terribles poderes?
–En tus manos encomiendo mi ínsula durante mi ausencia.
–Pero señor, sin su aliento solo me siento, y terrible congoja a mi garganta sube ante la inmensa carga que he de llevar sobre mi chepa.
–No temas Curro, con enjundia saldrás de la prueba y unos consejos te daré para que llevadera te sea la tarea. Hazte ver lo menos posible, las más de la veces las circunstancias por si solas cursan sin que gobernante se infiriere. Si gacetillero o cronista hablar contigo quisiera, a apretada agenda alude para evitar la refriega.
–Y sobre inauguraciones, comidas o celebraciones, ¿qué hacer yo si surgieran?
–Nada previsto hay en fechas próximas, pero si los días pasaran y mi regreso no se produjera, reza por mí Curro.
–Pero a vos no os puede pasar nada.
–Perfectos no somos y nuestros días siempre un final tendrán, y si no nos volviéramos a ver a tu libre albedrío encomiendo mi ínsula y confiado en tu rectitud de gobierno.
La intensa emoción los embargó y lágrimas de sus ojos brotaron y a través de sus jetas corrieron por la inmensa pena que les causaba su primera separación desde que tan fraternal unión formaran.