La biblioteca de los proscritos

Noviembre 30, 2006

Premios literarios I

Archivado en: Opinión — ebaobab @ 8:30 am

Con esta sección dentro de mi blog quiero exponer mi experiencia a lo largo de diez años presentándome a Premios Literarios, tanto de cuento, novela corta, novela y teatro, y ofrecer mi experiencia a aquellos escritores que optan por esta vía como la única posibilidad de dar a conocer su obra, ante la negativa de las editoriales a leer manuscritos de aquellos escritores que no vayan avalados por agentes literarios, y la desidia de estos por conocer a nuevos talentos de la literatura. La labor de los agentes, o de las agentes, porque es un sector claramente femenino, consiste en servir de filtro para que en el mercado editorial no entren más autores de los que el negocio puede soportar porque sus ingresos y los de los escritores que representan se verían considerablemente mermados, y puede que bastantes escritores, que ahora son reconocidos, y gozan de ventas considerables, pasaran a formar parte del furgón de cola ante la llegada de nuevas voces que tienen mejores historias que contar.

          A lo largo de estos años he tratado de ponerme en contacto con casi todas las agencias literarias. En ninguna de ellas conseguí que leyeran uno de mis manuscritos, ni siquiera alguna de las cinco novelas que ya tengo editadas, y que por fortuna gozan de buenas ventas y excelentes críticas por parte de los lectores que se aventuran a comprarlas. 

         Reconozco que en bastantes momentos el rechazo a leer de las editoriales y de las agencias me indignó, pero a la vez me sirvió de incentivo para no estancarme y seguir creciendo, y para encontrar vías alternativas de difusión, como la creación de mi propia editorial, Baobab Ediciones, con la que he editado cuatro libros y en la próxima primavera sacaré el quinto con la tranquilidad de saber que no dependo de subvenciones ni de los caprichos de los editores a la hora de promocionar la obra. Tengo la fortuna de que los lectores que he ganado con los años son fieles y se han convertido en los auténticos distribuidores de mis libros, habiendo llegado ejemplares hasta lugares en principio inviables para alguien que sólo dispone de un punto de venta al público y una página web: ebaobab.com. En Argentina, Sudáfrica, Méjico, Inglaterra, Bélgica, Francia, Italia, República Checa, Uruguay, Portugal, Estados Unidos, aparte de toda España, se encuentran ejemplares de Y el pirata creó el mar, 4 hilos para un epitafio, La futura memoria, Papel carbón o Memorias de un paraguas. 

        Volviendo al tema de los premios literarios, lo primero que un escritor debe saber es a los que se puede presentar, y a aquellos otros es los que es ridículo hacerlo salvo para halagar la propia vanidad diciendo que se participa en el Planeta y se quiera tirar el dinero que supone hacer las copias, la encuadernación y los gastos de envío. 

         Los premios literarios de alta cuantía y en los que se encuentra una poderosa editorial detrás no buscan una novela de gran calidad literaria, su fin es meramente mercantil y necesitan amortizar la inversión en muy poco tiempo, por lo que se debe conceder a un escritor famoso o a alguien muy conocido dentro de los medios de comunicación, porque eso les garantiza una excelente cobertura publicitaria de cara a las ventas. Creo que a los que somos buenos lectores nos resulta muy difícil recordar los títulos de las novelas que en los últimos años han ganado los premios literarios más conocidos de este país, porque en la mayoría de los casos el lector no ha sido capaz de terminar la novela y en muy pocos le ha tocado los sentimientos. Son premios que se conceden al autor, no a la novela, pero como los concede una sociedad anónima con ánimo de lucro no se puede objetar nada a su decisión, aunque a veces el prestigio del jurado pueda quedar en entredicho, pero es algo que no trasciende a la calle.  

         Hay otra serie de premios de novela, algunos de ellos dotados de una cuantía considerable, que están respaldados por instituciones públicas o fundaciones y en los que no se encuentra detrás una poderosa editorial. En algunos de estos premios pueden existir algunas opciones para escritores desconocidos, no en todos porque otros están a la caza del famoso que esté en declive y necesite un nuevo impulso a su carrera literaria, algo que los agentes literarios controlan perfectamente para que ningún participante tenga algo que objetar ante la limpieza del fallo del jurado. 

             Entre aquellos premios que considero adecuado participar, puedo hablar del Premio Felipe Trigo, Juan Pablo Forner, Ciudad de Irún, Ciudad de Jaen, Emilio Alarcos, o Río Manzanares. En todos ellos he participado, en alguno en casi todas las ediciones, habiendo ganado uno y siendo finalista en tres, uno en categoría de novela corta. 

        Todos ellos tienen en común que no imposibilitan la participación del autor en otros concursos simultáneamente y muy rara vez lo ha ganado un escritor conocido, lo que influye negativamente en la difusión que se le da. El caso que mejor conozco es el Premio Río Manzanares, que gané en el 2005 con Papel Carbón. Puedo decir que había participado en todas sus ediciones con cuatro novelas diferentes, y con la que gané era el tercer año que participaba. Nunca supe quién formaba parte del jurado y ninguno de ellos había oído hablar de mí cuando abrieron la plica. Después supe que la secretaria del premio guardaba celosamente las plicas y al menor indicio en un manuscrito que pudiera delatar al autor la obra se retiraba del concurso, lo que no evita que en algunos casos se puedan conocer.  

         En los premios de novela corta, teatro o cuento, no hay un negocio editorial detrás y es más fácil partir en igualdad de condiciones que el resto de los participantes, lo que no supone que exista una limpieza absoluta. Me han contado algunos casos de compadreo entre miembros de un jurado que a su vez participaban en otros concursos, pero no es fácil de demostrar y el concursante tiene que asumirlo como otra regla del concurso. Sólo cabe armarse de paciencia y no desesperar cada vez que nuestro nombre no aparezca entre los premiados. 

         Calculo que en diez años habré participado en más de doscientos concursos literarios. Haciendo balance, supongo que no he salido muy mal parado porque he ganado cinco premios (uno de novela, dos de teatro, uno de novela corta y otro de cuento) y he quedado finalista en siete, lo que me a supuesto unos ingresos brutos de 36000 euros, que una parte he compartido con hacienda, otra he dedicado para afrontar los cuantiosos gastos que supone participar en un concursos, de lo que hablaré en otro capítulo porque me parece demencial la cantidad de papel que se tira cuando existen formas más económicas y ecológicas de participar, y el resto lo he dedicado a invertir en tiempo para escribir nuevas obras, en Baobab ediciones y en la tienda de Almagro donde atiendo a mis lectores y donde escribo mientras veo la vida pasar por una de las plazas más hermosas de España; aunque todo ellos no ha servido para que las grandes editoriales o agentes literarios quieran perder su valioso tiempo leyendo mi obra. Ya no tengo prisa y me quedan novelas por escribir.

Noviembre 23, 2006

Capítulo 6 Graznarin

Archivado en: novela por capítulos — ebaobab @ 9:15 pm

DE CÓMO REGRESÓ EL CABALLERO A SU CORTE Y COCES LE INFORMÓ SOBRE EL ESTADO DE LA ÍNSULA Y DE SUS PROGRESOS COMO GOBERNANTE DIALOGANTE

El regreso del caballero Graznar a su ínsula muy distinto fue de su solitaria partida. En lujosa calesa tirada por cuatro briosos corceles alazanes, y conducida por hábil y apuesto cochero, marchaba el señor insigne llevando larga espada en su cintura junto a una reluciente armadura. Tras él grande séquito le seguía. Al frente, un glorioso comandante iba encabezando las tropas que el Fragante consideró necesarias para que al señor don José protegieran de malandrines y truhanes. Pendón portaba el comandante para que el pueblo supiera que el ilustre caballero andante, que mano en alto saludaba desde en-cima del pescante, no era un señorón cualquiera que al reino de la fama se asomaba.

A su llegada a la capital de la ínsula Coces salió a recibirle y enorme trabajo le costó reconocer a su jefe. Extrañado le miraba porque ese señor en nada se parecía al hombre enjuto, cuasi escuálido y alicaído que días atrás partiera. ¡Qué porte, qué distinción, qué forma de llevar armadura! Parecía como si cientos de músculos le crecieran y la altura del señor se multiplicara para convertirse en dignatario de enorme talla.

–Pero Curro, ¿acaso no me reconoces? –dijo Graznar extrañado–. Ven y dame un abrazo que tu señor y amigo soy.

Curro despacio se acercó y en grande abrazo se fundieron.

–Perdone señor mi tardanza, pero este gran caballero, que mis ojos han divisado, muy diferente parece de mi querido amigo y señor, Pepito Graznarín.

–Muy cierto eso es. Aquel a quien habéis nombrado ya ha quedado olvidado; era un joven mozo sin vivencia y sin el saber de la ciencia. Ahora primer caballero y de Fragante heredero soy. Y para que malentendidos no haya, te pido que en adelante ni Pepito ni Graznarín me nombres pues no son dignos de mi alcurnia.

–¿Cómo he de llamaros entonces?

–Don José o Señor Graznar cuando en confianza nos encontremos, mas cuando estemos en sociedad, nunca menos que Marqués del Divino Trovo o Conde de la Mueca por estrictas cuestiones de protocolo.

–Así ha de ser señor, aunque témome que ya ni mi amistad ni mi servi-cio aprecie caballero de tan alta jerarquía –dijo Curro compungido.

–Más que nunca Curro. El que las cuestiones del nombre cambien, no deben repercutir en nuestro cariño y profunda amistad. Tu consejo y fortale-za más útiles que nunca me serán y nuestros proyectos continuarán de la misma forma que empezaron. Yo te prometí poder y vive dios que te lo daré.

–Gracias señor por tus tranquilizadoras palabras, pero una nueva duda me corroe en el alma.

–Dila pues Curro, entre nosotros secretos ni mentiras nunca debe haber. La sinceridad es la razón de nuestra amistad.

–Pienso yo que si soy brazo derecho de tan enorme caballero, ¿no cree vos que el nombre de Curro, el mote de Coces y el rango de escudero, muy estrechos se quedan para este servidor?

–Cierto es y mucho he pensado en ello durante esta larga travesía. De-cisión importante he tomado y en el próximo decreto saldrá publicado el nuevo nombre, cargo y rango de consejero tan valioso para este gobernante.

–¿De verdad mi señor? ¿Cuál será mi nuevo nombre, de qué rango gozaré, y cuál será mi cargo? –preguntó Curro muy emocionado.

–Paco Grande Uña será tu nombre, Barón del Puntapié tu rango, y Consejero del Presidente tu nuevo cargo.

–¡Dios mío qué ilusionando me siento! Gracias mi santo y noble señor Graznar. Gran e inmerecido honor me hacéis y mi devoción a vos siempre guardaré.

–Y ahora mi apreciado Paco he de ir a mis aposentos para breve des-canso tomar y cambiar esta pesada indumentaria de guerra por moderno traje de seda. Después volveremos a reunirnos y me has de dar cuenta de todo aquello que en mi ausencia en la ínsula haya ocurrido, y espero que con sol-vencia y diligencia habrás sabido llevar a buen puerto cualquier mínimo pro-blema que durante tu gobierno surgiera.

–Así lo hice señor, y cumplida cuenta de todos mis movimientos a su excelencia daré.

Terminada la reunión, muy rápido Paco salió en dirección a la impren-ta pues asunto de gran importancia tenía que resolver: tarjetas, sobres, mem-bretes, pergaminos y sellos encargó con su nombre, cargo y rango en letras gigantes, para que todo el mundo supiera que para siempre había muerto Cu-rro Coces, y de sus cenizas como estrella renacía ser dotado de sesera, poder y cartera que a la más selecta nobleza para siempre perteneciera.

Don José Graznar hacia su residencia partió y en su dormitorio pesada armadura se quitó. Su cuerpo sudoroso estaba y reparante baño necesitaba. Mientras en la bañera con barquitos jugaba, y se divertía, su mente largas dis-tancias y tiempos recorría, y veíase con paso diligente desfilando ante la afluencia de jerifaltes de toda la grande Europa que a recibir con orgullo sa-lieron a tan alto y dignatario caballero. Tan capaz, tan locuaz, tan trovero, que montera en mano hubo de saludar como torero ante los gritos de acla-mación que recibió tras su aparición y cuando exaltado proclamó su trovo más internacional: «Europa, una unidad de destino en lo Universal».

Después del reposo del guerrero, llegaba el momento de asumir sus obligaciones como gobernante de su ínsula, y con su poderoso consejero se reunió. Primero le contó con detalle sus aventuras en la corte del brujo Fra-gante, que gran curiosidad e interés despertaron en el nuevo barón, puesto que de información necesitaba para enfrentarse a la grandes responsabilida-des que su nuevo cargo entrañaba. Acabada la explicación le llegó el turno a don Paco de informar a su señor.

–Sus órdenes e indicaciones a rajatabla seguí. Me encerré en el despa-cho y dejé que los asuntos de estado resolviéranse a su libre albedrío; durante días aguanté y todo muy bien marchaba, pues nadie osó molestarme aunque yo muy aterrado estaba. Pero como los días pasaron y vuecencia no volvía, ni nada de usted sabía, pensé yo que pueblo solo sin gobierno peligro tenía y noticias había de riñas, pendencias y conflictos que atenían a la soberanía. De mucho valor revestime y la cara di, ya que mi deber consistía en tomar rien-das y tirar del carro de la autonomía.

–Decisión política importante y muy justificada por lo que dices. Or-gulloso y aliviado me siento al saber con la enorme ayuda que cuento.

–Gran provecho ha tenido esta experiencia para mi humilde presencia, y después de vivirla os confieso que no disgustome sentir el poder en mi ma-no y que muy capacitado me encuentro para repartir justicia entre aquellos que la necesiten.

–Grande cualidad la justicia, y dime Paco, ¿qué acontecimientos suce-dieron desde mi marcha que necesitaran de tu valiosa mediación?

–En realidad sólo uno, pero muy feo ponerse pudo si yo no hubiérame enfrentado al caso con talante receptivo y dialogante.

–Alelado me dejas por tu altura y solvencia política, pero continúa que muy absorto me tiene este caso.

–Vino a verme mucha gente plebeya, agrupados en plan querella para dinero solicitar con que su nómina agrandar. Alegaban argumentos pobres y vacuos como si necesidad de comer tuvieran o dar educación para sus vásta-gos debieran.

–¿Qué hiciste?

–Yo, sin inmutarme, les escuché con atención y cortesía, mas habíame leído su manual con atención en el que cuenta que en pagos a la gente baja, mucha moderación. Así que razones de mucho peso diles esperando su com-prensión.

–Sublime Paco, magnífica interpretación de las responsabilidades de un político de consenso. ¿Qué grandes argumentos esgrimisteis para su con-vencimiento?

–Yo díjeles con sobriedad y mucho raciocinio que ni un duro más ve-rían de aquesta tesorería, y que muy contentos se marcharen si nuevo diezmo no les aplicaba. Mas si seguían con la protesta, dos alternativas lógicas y co-herentes diles: o todos despedidos y en la calle, o bien zurrados y encerrados en calabozos hasta que su razón aflorara.

Don José le miraba muy asombrado sin pronunciarse, mientras Paco satisfecho se mostraba por la lección política y de tolerancia dada.

–Paco, una pregunta más. ¿Se marcharon los plebeyos complacidos de tu mediación?

–Lo que se dice muy felices no parecían, pero marcháronse rápida-mente, y, antes de salir, el que parecía su representante díjome que pronto volverían muchos más y bien equipados para entablar pendencia, pero como bien sabéis cobarde no soy y no me dejé amedrentar. Yo le miré fijamente y respondí que si guerra querían yo con gusto se la daría –dijo Paco, convenci-do de su buena obra–. ¿Qué pasa señor, parece usted muy pálido, acaso he actuado con demasiado comedimiento?

–Digamos que impecables tus intenciones han sido, pero sobre tacto, amigo Paco, mucho por aprender te falta. Esa gente es la que nos vota y aun-que dinero no les dieras, palabras debías pronunciar para que al menos la es-peranza mantuvieran. Pero reprocharte no puedo pues lo hiciste sin malicia; ya arreglaré yo este entuerto antes de que daños más graves nos cause.

–Lo lamento mucho mi señor, convencido estaba de que mi acción había sido un prodigio de moderación –dijo el barón del Puntapié, que se sentía muy triste por no haber sabido estar a la altura de su señor.

–Otra importante lección has de aprender. Un político jamás pedir perdón debiera. Si algo mal ha salido, problemas ajenos han sido.

Y tras esta importante lección don Paco se marchó a estudiar sus de-beres políticos, y el ilustre caballero el mando de su ínsula asumió.

Noviembre 15, 2006

Capítulo 5 Graznarín

Archivado en: novela por capítulos — ebaobab @ 7:42 pm

DE LO QUE OCURRIÓ EN EL ENCUENTRO ENTRE FRAGANTE Y GRAZNARÍN Y CÓMO ÉSTE CON ASTUCIA FUE NOMBRADO CABALLERO POR EL GRAN BRUJO GALLEGO.  

         Una mañana muy temprano, antes de que el sol saliera y sin más equipaje en sus manos que un hatillo con ligeras viandas y el pergamino que otorgábale el gobierno de la ínsula, partió Graznarín en secreto rumbo a desconocido destino. Como todas las grandes hazañas había de hacerse en solitario y sin notario, por lo que no había miembros de su séquito ni cronistas que de su gesta dieran cuenta. 

         Larga travesía hizo por caminos áridos y solitarios. Gran concentración requería su examen y pretendía evitar distracciones. Cada tres leguas recorridas hacía una breve parada, daba un bocado al pan que en el hato guardaba y de cantimplora bebía un trago de fresca agua. Después de hinojos se fincaba y en meditación profunda se sumía, pidiéndole a su Dios que espíritu y fuerzas le diera para superar la prueba. Por las noches breve era su descanso y siempre sobre duras piedras; acumular mucho sufrimiento debía para llegar puro de espíritu y sin merma moral junto la hoguera que el brujo encendiera para no salir chamuscado de la contienda.

         Tras tres largos días, con sus noches, al pie de la gran muralla llegó. Se lavó las manos y los pies en cercano arroyo para estar decente, y con presteza a la guardia de la fortaleza se dirigió. 

        –A mí la guardia del castillo –gritó.

          –¿Quién va? –se oyó decir.

         –Un siervo que el gran Fragante ha llamado a su presencia, y obediente y anhelante se presta a ofrecer su vida y su honra para la grandeza de su amo. 

        –Menos rollo y dinos la contraseña –dijo el guardián, cansado de escuchar a troveros aficionados que siempre llegaban buscando la oportunidad de que el brujo su padrino fuera para lanzarse a la arena política en busca de poder y fama. 

        –Fraga Fragante que no te pillen in fraganti –respondió Pepito sin que le temblara la voz. 

        Tras unos instantes de silencio, las cadenas comenzaron a chirriar y la puerta de la fortaleza cayó lentamente para a sus pies quedar. Graznarín firme se notaba cuando el puente atravesó y en la morada del brujo entró. Sus pasos le habían llevado hasta allí y pleno de fortaleza se sentía, desfallecer no podía si engrandecer su currículum deseaba con la orden de caballería.

         Un asesor del Fragante salió presto a recibirle y hasta la puerta de sus aposentos le condujo. Le dijo que paciente esperara la llamada de su señor, que meditara y reflexionara y su alma pura dejara. Miedo no había de tener, pero si al brujo intentaba engañar, ese sería su final. Nuestro héroe con templanza contestó que preparado estaba porque Fragante su ídolo siempre había sido y jamás engañarle pretendiera pues antes se muriera. 

        Tras una fugaz espera, la puerta de la guarida se abrió y frente al brujo Graznarín se encontró. Vive Dios que éste impresionaba por su grandeza y sus maneras: con su largo manto negro adornado con estrellas, su pañuelo carmesí anudado a la sesera, su mirada torva y profunda rodeada de ojeras, y su porte recio e indómito, mitad santo, mitad demonio, mitad hombre, mitad fiera. De varita no necesita pues sus manos rayos eran y un dedo suyo más poder tenía que cien arcabuces dispuestos en batería. 

         Pepito decidido, y sin apartar la mirada de sus ojos, con decisión al brujo se acercó. Éste le miró despacio de arriba abajo y de abajo arriba, vuelta dio a su alrededor y palabras no gastó. El héroe dudó, no sabía si hablar él debía o esperar al señor era obligación. Mas díjose que mejor pecar de valiente que de reprimido y sus primeras palabras lanzó. 

        –Este humilde súbdito de todo corazón quisiera darle a vuecencia posesión de modesta ínsula conquistada en buena lid al virrey de Sevilla, y que para siempre pertenezca al noble señor de la ciencia. 

        –Dignas-palabras-son-muchacho,mas-seguro-yo-no-estoy-de-que-fueren-sinceras.Falsos-y-mezquinos-halagos-podrían-ser-en-busca-de-complacer-a-pobre-viejo-que-chochea.

         –Zafio, estúpido, irresponsable, tunante, canalla, zoquete, burro, calavera, necio, indigno y otras muchas cosas yo fuera si engañar pretendiera al más grande hombre que jamás existiera sobre la faz de la tierra. 

         –Hábil-chico-pareces,mas-saber-necesito-que-nobles-o-aviesas-intenciones-alberga-tu-sesera. 

        –Puras y honestas son. Ser fiel con mis modestas fuerzas quisiera a la muy digna y santa lucha que el grande Fragante emprendió en años distantes, y que librar del reino pretende a malandrines, querellantes, sisantes, mastuerzos, tarambanas, majaderos y demás gente impía que se ha vendido con oscuras intenciones al muy turbio y pedante clan de los liantes. 

         –¿Con-qué-armas-dispones-para-contribuir-a-la-victoria? 

        –Ante todo la fe me mueve, armas sangrantes no porto, mas firmemente creo que trovo oportuno y bien dirigido más dolor provoca que puñales, espadas, alabardas o cañones.  

       –Y-en-caso-de-derrota-infligir-a-los-terribles-sevillanos,¿cómo-plantearías-gobierno-si-llegaras-a-ser-amo? 

        –Amo no, fiel siervo diréis mi noble señor, pues amo sólo hay uno y Dios sabe que sois vos. 

         –Ágil-mollera-tienes,y-muchacho-honrado-y-fiel-pareces,pero-comomuy-bien-sabes,eterno-no-soy-porque-piedra-filosofal-nunca-encontré. Sucesor-digno-busco-para-entregar-mi-ciencia-y-mi-poder,y-asegurarme-quiero-que-jamás-traicione-a-la-noble-causa-que-yo-comencé. 

        –Aún mucho tiempo queda para que tal momento llegue, y para entonces el gran Fragante habrá encontrado a alguien mucho más importante que este modesto servidor que jamás soñar pudiera con tamaña carga de suceder a tan poderoso señor –dijo Pepito con astucia, convencido de que al trapo el mago entraba y con sus elaborados trovos lo camelaba. 

        –No-tan-lejos-lo-fiares,muy-cansado-me-siento,y-quiero-conocer-tus-dotes-de-mando.¿Cómo-plantearías-gobierno-de-reino,que-no-de-ínsula,en-caso-de-que-el-pueblo-lo-quisiera?   

        –Con mucha prudencia mi señor, nunca precipitarme quisiera en tan importante labor. Pero prudencia no es símil de displicencia y nunca titubear el pueblo me viera. En cuestiones de principios políticos a las doctrinas de mi señor me atendría con férrea disciplina. Cuando muy compleja decisión se presentara, normas básicas siempre he de cumplir: escuchar a arriesgado empresario antes que a cómodo proletario, y las sociedades siempre anónimas han de ser; militares muy dignos y razonables son, los rebeldes no, y mientras no entren en razón escucharles no debo; clérigos son ejemplares, muy caritativos, rectos y bondadosos, y las cuestiones de educación patrimonio suyo son, ya que la gente sin creencias siempre levanta sospechas; y por último, y en cuestiones exteriores, gente muy sabia existe, y si gran jefe americano dice firme, yo tieso me quedo. En resumen si al pueblo fútbol, toros y tele dieras y al empresario todo lo que quisiera, gobierno por muchos años de reino tuvieras.  

             El brujo mudo quedose mientras a Pepito con ceño fruncido estudioba, vueltas a su alrededor dio, a su bola de cristal se acercó y con mucho interés escrutó. Posos del café, cartas, astros y rayas de la mano también consultó. Bebedizo secreto tomó y mil conjuros y hechizos pronunció; mientras el señor Graznarín atento le miraba y a cada minuto que pasaba su esperanza se agrandaba.  

       Finalmente el gran Fragante, con sudores en la frente, terminó sus rituales y un gran abrazo a Pepito le dio. 

        –Hijo-mío,dame-un-abrazo,que-al-fin-mi-larga-búsqueda-haterminado.Sucesor-tengo-y-mi-felicidad-proclamo.¡Qué-las-campanas-del-reino-suenen!¡Qué-palomas-y-buitres-vuelen!¡Qué-gran-fiesta-se-celebre-para-nombrar-al-caballero-heredero!         En ceremonia sin igual en la historia del lugar, y con la obligada asistencia de todos los miembros del clan, el gran brujo Fragante presentó en sociedad y nombró caballero dominante a Pepito Graznarín, que a partir de dicha fecha adquirió notoria popularidad; y a efectos de inventario su nombre hubo de cambiar y para el resto de los tiempos y en su partida de nacimiento figuraría la siguiente leyenda: 

         Siendo gobernante el gran brujo Fragante, señor de soles y tinieblas, reuniose toda su tropa para rendir homenaje al que guía sería un día de la santa cruzada que de nuestra tierra limpiara los desmanes, corruptelas, amiguismos e inmundicias que con saña, crueldad y malicia expandió el villano, truhán y pérfido virrey de Sevilla. A partir de este momento al salvador todos en el reino conocerán como el Ilustrísimo y Excelentísimo Caballero Andante Don José Graznar, Marqués del Divino Trovo y Conde de la Mueca.

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