Con esta sección dentro de mi blog quiero exponer mi experiencia a lo largo de diez años presentándome a Premios Literarios, tanto de cuento, novela corta, novela y teatro, y ofrecer mi experiencia a aquellos escritores que optan por esta vía como la única posibilidad de dar a conocer su obra, ante la negativa de las editoriales a leer manuscritos de aquellos escritores que no vayan avalados por agentes literarios, y la desidia de estos por conocer a nuevos talentos de la literatura. La labor de los agentes, o de las agentes, porque es un sector claramente femenino, consiste en servir de filtro para que en el mercado editorial no entren más autores de los que el negocio puede soportar porque sus ingresos y los de los escritores que representan se verían considerablemente mermados, y puede que bastantes escritores, que ahora son reconocidos, y gozan de ventas considerables, pasaran a formar parte del furgón de cola ante la llegada de nuevas voces que tienen mejores historias que contar.
A lo largo de estos años he tratado de ponerme en contacto con casi todas las agencias literarias. En ninguna de ellas conseguí que leyeran uno de mis manuscritos, ni siquiera alguna de las cinco novelas que ya tengo editadas, y que por fortuna gozan de buenas ventas y excelentes críticas por parte de los lectores que se aventuran a comprarlas.
Reconozco que en bastantes momentos el rechazo a leer de las editoriales y de las agencias me indignó, pero a la vez me sirvió de incentivo para no estancarme y seguir creciendo, y para encontrar vías alternativas de difusión, como la creación de mi propia editorial, Baobab Ediciones, con la que he editado cuatro libros y en la próxima primavera sacaré el quinto con la tranquilidad de saber que no dependo de subvenciones ni de los caprichos de los editores a la hora de promocionar la obra. Tengo la fortuna de que los lectores que he ganado con los años son fieles y se han convertido en los auténticos distribuidores de mis libros, habiendo llegado ejemplares hasta lugares en principio inviables para alguien que sólo dispone de un punto de venta al público y una página web: ebaobab.com. En Argentina, Sudáfrica, Méjico, Inglaterra, Bélgica, Francia, Italia, República Checa, Uruguay, Portugal, Estados Unidos, aparte de toda España, se encuentran ejemplares de Y el pirata creó el mar, 4 hilos para un epitafio, La futura memoria, Papel carbón o Memorias de un paraguas.
Volviendo al tema de los premios literarios, lo primero que un escritor debe saber es a los que se puede presentar, y a aquellos otros es los que es ridículo hacerlo salvo para halagar la propia vanidad diciendo que se participa en el Planeta y se quiera tirar el dinero que supone hacer las copias, la encuadernación y los gastos de envío.
Los premios literarios de alta cuantía y en los que se encuentra una poderosa editorial detrás no buscan una novela de gran calidad literaria, su fin es meramente mercantil y necesitan amortizar la inversión en muy poco tiempo, por lo que se debe conceder a un escritor famoso o a alguien muy conocido dentro de los medios de comunicación, porque eso les garantiza una excelente cobertura publicitaria de cara a las ventas. Creo que a los que somos buenos lectores nos resulta muy difícil recordar los títulos de las novelas que en los últimos años han ganado los premios literarios más conocidos de este país, porque en la mayoría de los casos el lector no ha sido capaz de terminar la novela y en muy pocos le ha tocado los sentimientos. Son premios que se conceden al autor, no a la novela, pero como los concede una sociedad anónima con ánimo de lucro no se puede objetar nada a su decisión, aunque a veces el prestigio del jurado pueda quedar en entredicho, pero es algo que no trasciende a la calle.
Hay otra serie de premios de novela, algunos de ellos dotados de una cuantía considerable, que están respaldados por instituciones públicas o fundaciones y en los que no se encuentra detrás una poderosa editorial. En algunos de estos premios pueden existir algunas opciones para escritores desconocidos, no en todos porque otros están a la caza del famoso que esté en declive y necesite un nuevo impulso a su carrera literaria, algo que los agentes literarios controlan perfectamente para que ningún participante tenga algo que objetar ante la limpieza del fallo del jurado.
Entre aquellos premios que considero adecuado participar, puedo hablar del Premio Felipe Trigo, Juan Pablo Forner, Ciudad de Irún, Ciudad de Jaen, Emilio Alarcos, o Río Manzanares. En todos ellos he participado, en alguno en casi todas las ediciones, habiendo ganado uno y siendo finalista en tres, uno en categoría de novela corta.
Todos ellos tienen en común que no imposibilitan la participación del autor en otros concursos simultáneamente y muy rara vez lo ha ganado un escritor conocido, lo que influye negativamente en la difusión que se le da. El caso que mejor conozco es el Premio Río Manzanares, que gané en el 2005 con Papel Carbón. Puedo decir que había participado en todas sus ediciones con cuatro novelas diferentes, y con la que gané era el tercer año que participaba. Nunca supe quién formaba parte del jurado y ninguno de ellos había oído hablar de mí cuando abrieron la plica. Después supe que la secretaria del premio guardaba celosamente las plicas y al menor indicio en un manuscrito que pudiera delatar al autor la obra se retiraba del concurso, lo que no evita que en algunos casos se puedan conocer.
En los premios de novela corta, teatro o cuento, no hay un negocio editorial detrás y es más fácil partir en igualdad de condiciones que el resto de los participantes, lo que no supone que exista una limpieza absoluta. Me han contado algunos casos de compadreo entre miembros de un jurado que a su vez participaban en otros concursos, pero no es fácil de demostrar y el concursante tiene que asumirlo como otra regla del concurso. Sólo cabe armarse de paciencia y no desesperar cada vez que nuestro nombre no aparezca entre los premiados.
Calculo que en diez años habré participado en más de doscientos concursos literarios. Haciendo balance, supongo que no he salido muy mal parado porque he ganado cinco premios (uno de novela, dos de teatro, uno de novela corta y otro de cuento) y he quedado finalista en siete, lo que me a supuesto unos ingresos brutos de 36000 euros, que una parte he compartido con hacienda, otra he dedicado para afrontar los cuantiosos gastos que supone participar en un concursos, de lo que hablaré en otro capítulo porque me parece demencial la cantidad de papel que se tira cuando existen formas más económicas y ecológicas de participar, y el resto lo he dedicado a invertir en tiempo para escribir nuevas obras, en Baobab ediciones y en la tienda de Almagro donde atiendo a mis lectores y donde escribo mientras veo la vida pasar por una de las plazas más hermosas de España; aunque todo ellos no ha servido para que las grandes editoriales o agentes literarios quieran perder su valioso tiempo leyendo mi obra. Ya no tengo prisa y me quedan novelas por escribir.