Para hablar de mi descubrimiento de Tom Waits tengo que remontarme hasta el final de la primavera del año 1993. Acudí junto a una amiga al cine Renoir de Cuatro Caminos. Queríamos ver una película canadiense que se acababa de estrenar: Leolo, de Jean Claude Lauzon (en otro momento escribiré sobre lo que ha supuesto esta maravillosa película en mi carrera literaria).
Cuando Leolo se elevaba sobre los hombros de su hermano y comenzaron a escucharse los primeros compases de Cold, cold ground, yo estaba sobrecogido por lo que estaba viendo y escuchando, y no podía contener las lágrimas. Al finalizar la película, cuando el domador de las palabras se aleja de los textos, suena la misma canción y el director la deja completa durante los títulos de crédito. En ese momento tuve la certeza de que estaba escuchando una de las canciones de mi vida. Volví a ver la película al día siguiente, y entonces comenzó mi peregrinación a la búsqueda de la banda sonora de Leolo, que no fui capaz de conseguir y me parece que no se llegó a editar.
Por entonces tenía referencias muy vagas de Tom Waits y no sabía a cuál de sus discos pertenecía esa canción. En realidad no sabía cuántos discos había hecho y pensaba que Jersey Girl era de Bruce Springsteen. Recuerdo que compré a la vez Closing Time y Swordfishtrombones, dos discos totalmente opuestos entre sí, y en ninguno de los dos encontré la canción que buscaba, pero cuanto más los escuchaba más me gustaban. Después fui añadiendo nuevos discos a mi colección, pero seguía sin encontrar Cold, cold ground. Creo que llevaba once comprados cuando encontré Frank´s wild years. Allí estaba la canción junto a Temptation, el otro tema que se escucha en Leolo, pero no solo estaban esas canciones, el disco en sí es una de las mayores joyas de la música, y puede que el que más canciones haya aportado al cine de calidad. Películas como Down by law y Smoke también se han nutrido de ese disco.
Por entonces Tom Waits ya se había convertido en el compañero más fiel en mi incipiente carrera literaria. Necesitaba y sigo necesitando escuchar su música con frecuencia porque es el mejor inventor de sueños que he conocido, y no solo por los que él crea, sino por los que ofrece a quien lo escucha. Su música y su voz desgarrada provocan que mi mente vuele sin nada que la frene, porque cuando uno sueña no existe la censura que impone la razón.
Después de siete novelas, una veintena de obras de teatro y muchos cuentos, necesito tener cerca la música de Tom Waits cuando me siento a escribir, casi tanto como el teclado de ordenador.
Han pasado más de trece años desde aquella tarde, habré visto más de veinte veces Leolo y escuchado en infinidad de ocasiones Cold, cold ground. Ahora sé que las lágrimas que vertí en el cine, son las que han regado todo lo que nació después.
Francisco Romero
[...] con Tom Waits ‘Cold Cold Ground’. Y en algún momento me escucho hablar en esas grabaciones de [...]
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