La biblioteca de los proscritos

Enero 12, 2007

Capítulo 9 Graznarín

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DE CÓMO LA TRINIDAD SE ESTABLECIÓ Y HACIA EL CONGRESO POPULAR PARTIERON CON ARMAS SECRETAS BAJO EL SOMBRERO 

Maese Rodrigo, nada más recibir la buena nueva, sus alforjas llenó y hacia tierras de Castilla partió, donde cita importante le esperaba con gente muy pujante. El señor Periodo Breve no era amante de lo extravagante y sus formas, atuendos y gestos nunca parecían altisonantes. La discreción, que con su facha y semblante parecía sinsabor, marcaba su pauta de conducta. Su ambición de ser contable importante, con su timidez y falta de enjundia chocaba, y a la sombra de líder eminente su lugar estaba. Cuentas, cálculos, estadísticas, balances y presupuestos para él secreto no guardaban y siempre sus números con fidelidad cuadraban. Si los dineros del estado en su bolsillo estuvieran, no más paro, no más hambre, no mas corruptelas, no más quiebras, decíase el muy honesto contable, en la soledad de su despacho, cuando dolido sufría al ver como el erario público no dirigía sus pesetas hacia causas tan justas y honestas como la empresa privada o la banca desinteresada.

           Puntual a la cita con su nuevo señor maese Periodo Breve llegó, y nadie podía prever que allí reunidos estaban los tres hombres más grandes que jamás viera el poder. José, Paco y Rodrigo parecían nombres vulgares, pero cuando se hablara del Marqués del Divino Trovo, del Barón del Puntapié y del futuro Primate de Usura y Recorte, millones de personas temblaran ante las decisiones que tomaran tan importantes prebostes. 

         Una calurosa acogida don José y don Paco le dieron y al día le pusieron de sus muchas tribulaciones. Maese Rodrigo con su modestia, con su mesura, con su prudencia y con su cultura, muy pronto su confianza se ganó, y los tres pudieron ser sinceros y afrontar el tema esencial que a su destino afectaba. 

         –Muy estimados consejeros, como todos ya sabemos próximamente se va a celebrar el congreso popular y muy decisivas medidas se han de dilucidar. Los tres estamos de acuerdo en que grandes cambios se han de producir si a los del sur queremos despedir. La primera medida y principal, es que rendido homenaje hemos de dar al brujo Fragante.

         –Pero mi señor, eso no lo entiendo, si le damos homenaje, le estamos reconociendo su labor, y en la vida viéramos vacante el cargo del brujo pedante –comentó Paco muy preocupado.

         –Manera muy limitada de entenderlo maese Paco, todos sabemos que cuando a alguien homenaje se da, es porque se le va a largar. Y se trata de una forma muy elegante de darle las gracias por sus labores y decirle que fue bonito mientras duró, pero que ya está bien de Fragante porque no hay cuerpo que tantos años le aguante –dijo Graznar.

         –Según mis propios estudios, altamente fidedignos y ratificados por otras fuentes, entre los congresistas hay un sesenta y cuatro por ciento de disensión, un veintitrés coma siete de adhesión al régimen instaurado, y un doce coma tres de indecisión. Considero muy probable que estos últimos se sumen a una propuesta unificadora y solvente –dijo maese Rodrigo consultado los datos que sacó de su carpeta.

          –Necesitamos la absoluta mayoría, si traiciones no queremos sufrir por quienes creemos hermanos. No nos podemos permitir que haya esquiroles que por nocivas intenciones sólo miren sus propios colores –añadió Graznar.

         –¿Por qué no echamos a mamporros a los que estén en contra? –dijo Paco, viendo fácil solución.

         –Paco, a veces la falta de tacto te pierde. Necesitamos unidad y cantidad, todos nuesos militantes primordiales son si a la cohorte del tirano queremos aniquilar y ver pechar por sus desmanes y tropelías al virrey de Sevilla y a sus íntimos secuaces.

         –Si se me permite decirlo y aunque la política no es mi fuerte, considero que si le diéramos una buena salida al brujo, y consiguiéramos que él contento se marchare, sus fieles cortesanos muy gustosos al caballero Graznar se unieren –añadió el señor Periodo Breve.

         –Acertada conclusión, y me complace que coincidas con mi opinión. Un hábil plan he preparado y espero que sea de vuestro agrado. He pensado que si gobierno de ínsula gallega le ofrecemos, para que disfrute de confortable retiro, con su bendición contaremos e imperioso PePe formaremos. Y así en gran familia avanzaremos hasta la victoria final. 

        –Grande y glorioso estratega es el señor Graznar, y en el congreso a todos deleitará con el fluir de su trovar –dijo Paco.

          –Ahora no tenemos tiempo que perder si a todos queremos convencer. Como gente popular querrá conocer a quienes encabezar mis tropas, es muy importante que vosotros en el congreso hablar para que todos sepan que formamos trinidad.

         ­–¿Nosotros trovar mi señor? Gran temblor, desasosiego y zozobra me produce mi puesta en largo con traje de luces –dijo Paco con temor. 

        –No temas, pocas embestidas te darán porque tus palabras firmes y transcendentes sonarán, y a todos camelarás con tus propuestas llenas de coherencia y dignidad.

         –¿Yo mi señor haré todo eso?

         –Sí Paco, lo harás porque gran discurso te he preparado, y muy bien te lo tienes que estudiar para que todos vean que eres diestro a la hora de improvisar.

         –Y yo, mi señor Graznar, ¿de qué se supone que tengo que hablar? –preguntó Rodrigo.

         –De tus cosas Rodrigo, no pídote que en portentoso trovador y estadista te conviertas. Hablaras de esos temas áridos que nadie entiende, de las cuentas de la macroeconomía, presupuestos, inversiones y otros tipos de indicadores, pero sobre todo critica Rodrigo, critica duramente a Solchagas y Boyeres y demás ministros infieles. Más ya te daré yo un principio y un final que a todos hará emocionar.

         Y tras estas palabras la reunión terminó pues ponerse a actuar debían. Con denuedo e ilusión grandes progresos realizaron, más importantes llamadas hicieron que decisivos apoyos les supusieron. 

        Paco su discurso al dedillo se aprendió, e incluso, después de innumerables intentos, lo recitaba con una soltura y elegancia que parecía un mariscal de Francia. Su espejo agotado estaba después de tantas miradas, su depresión fue en aumento pues de muy fino cristal era. Fabricado estaba para contemplar doncellas, y el día del ensayo final ya no pudo soportar más y carente de ilusión, se suicidó, en mil pedacitos estalló. Mas Curro en lugar de preocupación, complacido se mostró, sus palabras fuerza y poder tenían. Las masas enardecidas con fervor le escucharían y derretidos los dejara por su donaire, estilo, prestancia, porte, finura y arrogancia cuando suspirando le oyeran. 

           Maese Rodrigo su trovo de datos, informes y estadísticas infló para dejar sin sosiego ni relajo a la audiencia, y para las gentes de la Hacienda y del Erario, palabras terribles había preparado, aunque nada de críticas abusivas, de verdades absolutas y demostrables se trataba. 

         El señor Graznar ensayo general convocó para comprobar si sus eficientes enseñanzas habían calado en sus lugartenientes, y muy complacido se sintió al ver que a la voz de su amo imitaban, y para nada desentonaban, aunque el sublime don de la belleza sus trovos no alcanzaban, pero eso no era de extrañar. La cualidad de único y grande líder sólo al alcance estaba de seres únicos, mitos que uno en mil años naciere, y como era de esperar no podía ser otro que el señor Graznar. 

         Así llegó la gran fecha de la partida, muy de madrugada, con sus brillantes armaduras y sobre sus briosas cabalgaduras, de la ínsula partieron. La gente a su paso veíales cruzar y a sus pies se inclinaban a rezar, jamás viose tanta sensación de seguridad, y para el resto de los tiempos una leyenda quedó en el lugar: «Una estela de confianza llenó la ciudad, no eran hombres terrestres ni máquinas, sino seres de otro lugar, y por siempre jamás les llamaron Trinidad». 

Enero 5, 2007

Capítulo 8 Graznarín

Archivado en: novela por capítulos — ebaobab @ 8:45 am

GRAZNAR CON ÍNSULA NO SE CONFORMABA, MAS CONTABLE BUSCABA QUE DE DINERO SUPIERA UN RATO Y JUNTO CON PACO FORMAR UN TRIUNVIRATO 

Tras algún tiempo de duras pugnas con la oposición y férreas decisiones que exigía el guión, el señor Graznar tenía hábilmente organizado el gobierno de su tierra y, activo como era, sentía que su cupo de aprendizaje en tareas de mandato se estaba completando y de nuevos e importantes retos necesitaba su carrera. Ser gobernante vitalicio de ínsula no deseaba, aunque a su pueblo amaba y su bien quería, pero don José sabía que político conforme en hombre deforme se volvía cuando su ambición se esfumaba. Sintió que muy crecido estaba y que a más altas cimas debía dirigir su mirada. Tablas ya le sobraban para ser el eterno aspirante al cargo que detentaba el brujo Fragante con ideas muy desfasadas. Los nuevos tiempos requerían a gente que amara la tecnología y que huyera de los conjuros, pócimas, hechizos y predicciones que eran rancios vestigios de otras civilizaciones. En la época de los potentes ordenadores quien no estuviera programado carecía de valores. Muchas horas de cavilaciones se pasó don José en sus aposentos en busca de hábiles soluciones para sus grandes aspiraciones.  

         Paco, mientras su jefe pensaba, sus dotes de mando desarrollaba, y sus trovos ante espejo ejercitaba y éste, que muy generoso era, siempre al final de su charla gran ovación le daba. Sobre todos los temas grandes postulados había desarrollado, y muy valiosas aportaciones realizaba a las labores de gobierno. Mas próxima entrevista en prensa tenía y sus respuestas con cuidado ensayaba ante su entusiasta reflejo.  

        –Ya tenía yo ganas de que alguien me hiciera esa pregunta, mucho he pensado en tema tan importante. Si usted se fija bien, verá que todos los gobernantes hablan de principios políticos, todo el mundo principios políticos tiene. Pues mire por donde yo discrepo y soy diferente, no soy un político de principios, yo soy un político de fines. Muy fácil y muy bonito es quedarse sólo en el inicio y hacer propuestas difusas que nunca se cumplieran, pero eso conmigo no ocurre porque yo soy de los pocos que dan la cara y nunca a medias me quedo. Yo siempre llego hasta el final, y quiero aprovechar que todo el mundo me escucha para dejar muy claro que yo no tengo principios políticos ni nunca los tendré. 

        Cuando terminó, gran complacencia mostraba su espejo por la solidez de sus valiosos argumentos, aunque muy agotado se sentía. El barón tenía la acertada teoría de que el cerebro se agotaba si un excesivo uso se le daba, y temía cometer un grave abuso, pues en los últimos años ya eran muchos los minutos que lo tuvo conectado. 

         El señor Graznar muy bien sabía que las grandes ambiciones requerían de muy sólidos apoyos para verse cumplidas, y rodearse debía de consejeros trabajadores, intachables, luchadores, brillantes, pero segundones. Líder uno debía ser, porque luego surgían las divisiones de poder que conducían a inevitables excisiones que grandes proyectos truncaron e ilusiones destrozaron. Si algo tenía muy claro es que de jefe sólo él y los demás a obedecer.  

       Durante algún tiempo recibió a aquellos y aquellas que decían ser afines y su propuesta aprobaran de dar vacaciones pagadas y de por vida al brujo en su tierra querida cuando la reunión del clan llegara. A mucha gente joven y valerosa recibió, procedían de todas las regiones y le contaron sus proyectos y admirables intenciones. Muy complacido el señor se hallaba de tantas posibles colaboraciones. Ante todo, a un primer hombre buscaba que completara la cabeza del clan, para después el resto del equipo formar. Don José había mandado hacer un profundo seguimiento de cada aspirante para seleccionar a la gente más capacitada. 

         El barón del Puntapié gustosamente se encargó de investigar a todos aquellos que su jefe le decía. Mucho interés y cuidado por su trabajo se tomó, ya que gente importante a su grupo llegaría y no era cuestión que un cualquiera se colara, pero a Paco mucho más le preocupaba que alguien, con menos méritos que los suyos, carantoñas a su jefe le hiciera y con su puesto se quedara.  

       El día de la gran decisión llegó, y el señor a su consejero llamó y le pidió que su informe llevara.  

        –Mira Paco, como bien sabes a mucha gente he recibido y muy especial seguimiento de muchos te he pedido.

         –Sí señor, y fielmente he cumplido con la labor encomendada. Conmigo traigo todo aquello que de cada una de estas ilustres personas mi señor debiera conocer. Aunque le confieso que algo se me escapa del propósito que trama.   

      –Te contaré mis intenciones y, por supuesto, espero tus opiniones, pues muy bien sé que siempre equilibradas y desinteresadas son.  

       –Ya sabe mi amo que vivo sin vivir en mí para que los objetivos de mi señor se puedan cumplir.  

       –Lo sé y lo aprecio. Y ahora te cuento: creo que esta ínsula pequeña se nos ha quedado a nuestras aspiraciones; el mundo es muy grande y muchas tierras quedan por conquistar para nuestra noble causa. 

        –Cierto señor, los mapas he consultado y lo he comprobado.  

       –¿Qué piensas tú del brujo Fragante? ¿Crees que ha perdido su talante de gobernante debido a la avanzada edad de su sesera?   

       –Yo coincido en todo con vos.  

       –Me lo imaginaba, viejo se ha quedado para soportar una carga tan importante, y creo que en el próximo congreso hacerme cargo debiera del futuro de nuestra familia popular.

         –Muy cierto eso es. 

        –Para tan alta responsabilidad asumir nos ha de acompañar gente de alto nivel, pues tú y yo solos a todas las huestes del virrey de Sevilla no nos podremos enfrentar con garantías de triunfo.

         –A todos no mi señor, pero os aseguro que ya me bastaría yo para dejar a la mayoría de esos tunantes maltrechos por el camino. 

        –Últimamente mucho has aprendido y, como bien conoces, en esta gran batalla de poco sirven la fuerza de los puños comparada con la generada por las ideas. 

        –Lo sé mi señor, y lo decía en sentido figurado pues no serían mis golpes los que machacaran a esos villanos, sino mis trovos brillantes y eruditos que a la voz de mi amo imitaran. Aunque no os digo yo que una excepción no hiciera si a tiro de mis puños se pusiera Arfonzo el Iluminao, que todas las luces juntas viera de la somanta de palos que yo le diera. Y ahora sí que no hablo en sentido figurado.  

       –Te comprendo perfectamente porque muchos méritos hace para ello, pero los golpes de los puños en mártir le convirtieran y a nosotros nos hundiera. Hay otros golpes que duelen más y son los que hemos de dar. Aunque ya le llegara su momento, mas ahora otras son nuestras preocupaciones. Hablemos de nuestros futuros colaboradores. 

        –¿Por quién quiere usted empezar?  

       –Hay un hombre que muy grata impresión me causó. Qué moderación que templanza, qué discreción, qué habilidad haciendo cuentas, ni en una suma ni en una resta se equivocó; incluso cómo invertir mis ganancias me aconsejó.

         –¿Habláis de maese Periodo Breve? 

        –Efectivamente, del señor Rodrigo Periodo Breve os hablo. ¿Qué has averiguado de él? 

         –Es cierto que importante señor parece, protagonismo no ambiciona y de cuentas sabe un rato, aunque el consejo que me dio de cómo mi dinero invertir en una empresa solvente pudo salirme caro, puesto que a la semana siguiente la empresa en quiebra dio. 

        –Un error lo tiene cualquiera, yo tuve mejor suerte y grandes ganancias he obtenido con sus conocimientos. 

        –Mosquéome señor, mosquéome. Si ese señor fortuna os quiere dar y mi ruina buscar, puede pretender hacerme la cama y quedarse como vuestro primer consejero, y quien sabe si con otras metas más altas no sueñe. 

        –No me seas suspicaz, ya sabes tú que esta gente de los números sólo disfrutan con sus cuentas y no han nacido para mandar. Como asesores muy buenos son, pero de regidores no tienen carisma porque sólo cifras ven y carecen de la formación humanista que tenemos la gente más lista, como tú y como yo. 

        –Muy cierto es señor que no tiene nuestros dotes mundanos ni el arte para hacer trovos, y contable mayor del reino necesitaremos cuando al gobierno lleguemos. 

        –Creo que con él un fuerte triángulo formamos. En el vértice superior yo: el cerebro y el carisma aporto e indico la dirección a seguir. En la parte inferior y a mi derecha vos: de primer consejero por tu capacidad de gobernante y tu don para el mando; y en el otro extremo y no tan a la derecha, mas nunca a la izquierda, eso quede claro, a maese Rodrigo colocamos. Y si cerebro, mando y dinero bien unidos se encuentran, ninguna meta imposible para nuestro proyecto habrá.  

        –Si ya tenemos al triángulo que manda, ¿qué otras personas necesitamos? 

        –Aún quedan muchas por decidir, pero creo que justo es que lo hagamos entre los tres. Si triunvirato formamos, en equipo avanzar debemos, ya que este cerebro mío necesita a su brazo derecho y a su segundo brazo derecho para avanzar erguido. 

        –¡Qué bien os expresáis mi señor! Vuestra claridad de cavilamiento me alucina y subyuga. 

        –Localízame a maese Periodo, y los tres juntos plantearemos la estrategia a seguir para en la asamblea alcanzar el poder. 

        Y así es cómo el señor Graznar poderosa trinidad decidió crear para bien arropado avanzar hacia el triunfo final. 

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