DE CÓMO LA TRINIDAD SE ESTABLECIÓ Y HACIA EL CONGRESO POPULAR PARTIERON CON ARMAS SECRETAS BAJO EL SOMBRERO
Maese Rodrigo, nada más recibir la buena nueva, sus alforjas llenó y hacia tierras de Castilla partió, donde cita importante le esperaba con gente muy pujante. El señor Periodo Breve no era amante de lo extravagante y sus formas, atuendos y gestos nunca parecían altisonantes. La discreción, que con su facha y semblante parecía sinsabor, marcaba su pauta de conducta. Su ambición de ser contable importante, con su timidez y falta de enjundia chocaba, y a la sombra de líder eminente su lugar estaba. Cuentas, cálculos, estadísticas, balances y presupuestos para él secreto no guardaban y siempre sus números con fidelidad cuadraban. Si los dineros del estado en su bolsillo estuvieran, no más paro, no más hambre, no mas corruptelas, no más quiebras, decíase el muy honesto contable, en la soledad de su despacho, cuando dolido sufría al ver como el erario público no dirigía sus pesetas hacia causas tan justas y honestas como la empresa privada o la banca desinteresada.
Puntual a la cita con su nuevo señor maese Periodo Breve llegó, y nadie podía prever que allí reunidos estaban los tres hombres más grandes que jamás viera el poder. José, Paco y Rodrigo parecían nombres vulgares, pero cuando se hablara del Marqués del Divino Trovo, del Barón del Puntapié y del futuro Primate de Usura y Recorte, millones de personas temblaran ante las decisiones que tomaran tan importantes prebostes.
Una calurosa acogida don José y don Paco le dieron y al día le pusieron de sus muchas tribulaciones. Maese Rodrigo con su modestia, con su mesura, con su prudencia y con su cultura, muy pronto su confianza se ganó, y los tres pudieron ser sinceros y afrontar el tema esencial que a su destino afectaba.
–Muy estimados consejeros, como todos ya sabemos próximamente se va a celebrar el congreso popular y muy decisivas medidas se han de dilucidar. Los tres estamos de acuerdo en que grandes cambios se han de producir si a los del sur queremos despedir. La primera medida y principal, es que rendido homenaje hemos de dar al brujo Fragante.
–Pero mi señor, eso no lo entiendo, si le damos homenaje, le estamos reconociendo su labor, y en la vida viéramos vacante el cargo del brujo pedante –comentó Paco muy preocupado.
–Manera muy limitada de entenderlo maese Paco, todos sabemos que cuando a alguien homenaje se da, es porque se le va a largar. Y se trata de una forma muy elegante de darle las gracias por sus labores y decirle que fue bonito mientras duró, pero que ya está bien de Fragante porque no hay cuerpo que tantos años le aguante –dijo Graznar.
–Según mis propios estudios, altamente fidedignos y ratificados por otras fuentes, entre los congresistas hay un sesenta y cuatro por ciento de disensión, un veintitrés coma siete de adhesión al régimen instaurado, y un doce coma tres de indecisión. Considero muy probable que estos últimos se sumen a una propuesta unificadora y solvente –dijo maese Rodrigo consultado los datos que sacó de su carpeta.
–Necesitamos la absoluta mayoría, si traiciones no queremos sufrir por quienes creemos hermanos. No nos podemos permitir que haya esquiroles que por nocivas intenciones sólo miren sus propios colores –añadió Graznar.
–¿Por qué no echamos a mamporros a los que estén en contra? –dijo Paco, viendo fácil solución.
–Paco, a veces la falta de tacto te pierde. Necesitamos unidad y cantidad, todos nuesos militantes primordiales son si a la cohorte del tirano queremos aniquilar y ver pechar por sus desmanes y tropelías al virrey de Sevilla y a sus íntimos secuaces.
–Si se me permite decirlo y aunque la política no es mi fuerte, considero que si le diéramos una buena salida al brujo, y consiguiéramos que él contento se marchare, sus fieles cortesanos muy gustosos al caballero Graznar se unieren –añadió el señor Periodo Breve.
–Acertada conclusión, y me complace que coincidas con mi opinión. Un hábil plan he preparado y espero que sea de vuestro agrado. He pensado que si gobierno de ínsula gallega le ofrecemos, para que disfrute de confortable retiro, con su bendición contaremos e imperioso PePe formaremos. Y así en gran familia avanzaremos hasta la victoria final.
–Grande y glorioso estratega es el señor Graznar, y en el congreso a todos deleitará con el fluir de su trovar –dijo Paco.
–Ahora no tenemos tiempo que perder si a todos queremos convencer. Como gente popular querrá conocer a quienes encabezar mis tropas, es muy importante que vosotros en el congreso hablar para que todos sepan que formamos trinidad.
–¿Nosotros trovar mi señor? Gran temblor, desasosiego y zozobra me produce mi puesta en largo con traje de luces –dijo Paco con temor.
–No temas, pocas embestidas te darán porque tus palabras firmes y transcendentes sonarán, y a todos camelarás con tus propuestas llenas de coherencia y dignidad.
–¿Yo mi señor haré todo eso?
–Sí Paco, lo harás porque gran discurso te he preparado, y muy bien te lo tienes que estudiar para que todos vean que eres diestro a la hora de improvisar.
–Y yo, mi señor Graznar, ¿de qué se supone que tengo que hablar? –preguntó Rodrigo.
–De tus cosas Rodrigo, no pídote que en portentoso trovador y estadista te conviertas. Hablaras de esos temas áridos que nadie entiende, de las cuentas de la macroeconomía, presupuestos, inversiones y otros tipos de indicadores, pero sobre todo critica Rodrigo, critica duramente a Solchagas y Boyeres y demás ministros infieles. Más ya te daré yo un principio y un final que a todos hará emocionar.
Y tras estas palabras la reunión terminó pues ponerse a actuar debían. Con denuedo e ilusión grandes progresos realizaron, más importantes llamadas hicieron que decisivos apoyos les supusieron.
Paco su discurso al dedillo se aprendió, e incluso, después de innumerables intentos, lo recitaba con una soltura y elegancia que parecía un mariscal de Francia. Su espejo agotado estaba después de tantas miradas, su depresión fue en aumento pues de muy fino cristal era. Fabricado estaba para contemplar doncellas, y el día del ensayo final ya no pudo soportar más y carente de ilusión, se suicidó, en mil pedacitos estalló. Mas Curro en lugar de preocupación, complacido se mostró, sus palabras fuerza y poder tenían. Las masas enardecidas con fervor le escucharían y derretidos los dejara por su donaire, estilo, prestancia, porte, finura y arrogancia cuando suspirando le oyeran.
Maese Rodrigo su trovo de datos, informes y estadísticas infló para dejar sin sosiego ni relajo a la audiencia, y para las gentes de la Hacienda y del Erario, palabras terribles había preparado, aunque nada de críticas abusivas, de verdades absolutas y demostrables se trataba.
El señor Graznar ensayo general convocó para comprobar si sus eficientes enseñanzas habían calado en sus lugartenientes, y muy complacido se sintió al ver que a la voz de su amo imitaban, y para nada desentonaban, aunque el sublime don de la belleza sus trovos no alcanzaban, pero eso no era de extrañar. La cualidad de único y grande líder sólo al alcance estaba de seres únicos, mitos que uno en mil años naciere, y como era de esperar no podía ser otro que el señor Graznar.
Así llegó la gran fecha de la partida, muy de madrugada, con sus brillantes armaduras y sobre sus briosas cabalgaduras, de la ínsula partieron. La gente a su paso veíales cruzar y a sus pies se inclinaban a rezar, jamás viose tanta sensación de seguridad, y para el resto de los tiempos una leyenda quedó en el lugar: «Una estela de confianza llenó la ciudad, no eran hombres terrestres ni máquinas, sino seres de otro lugar, y por siempre jamás les llamaron Trinidad».