GRAZNAR CON ÍNSULA NO SE CONFORMABA, MAS CONTABLE BUSCABA QUE DE DINERO SUPIERA UN RATO Y JUNTO CON PACO FORMAR UN TRIUNVIRATO
Tras algún tiempo de duras pugnas con la oposición y férreas decisiones que exigía el guión, el señor Graznar tenía hábilmente organizado el gobierno de su tierra y, activo como era, sentía que su cupo de aprendizaje en tareas de mandato se estaba completando y de nuevos e importantes retos necesitaba su carrera. Ser gobernante vitalicio de ínsula no deseaba, aunque a su pueblo amaba y su bien quería, pero don José sabía que político conforme en hombre deforme se volvía cuando su ambición se esfumaba. Sintió que muy crecido estaba y que a más altas cimas debía dirigir su mirada. Tablas ya le sobraban para ser el eterno aspirante al cargo que detentaba el brujo Fragante con ideas muy desfasadas. Los nuevos tiempos requerían a gente que amara la tecnología y que huyera de los conjuros, pócimas, hechizos y predicciones que eran rancios vestigios de otras civilizaciones. En la época de los potentes ordenadores quien no estuviera programado carecía de valores. Muchas horas de cavilaciones se pasó don José en sus aposentos en busca de hábiles soluciones para sus grandes aspiraciones.
Paco, mientras su jefe pensaba, sus dotes de mando desarrollaba, y sus trovos ante espejo ejercitaba y éste, que muy generoso era, siempre al final de su charla gran ovación le daba. Sobre todos los temas grandes postulados había desarrollado, y muy valiosas aportaciones realizaba a las labores de gobierno. Mas próxima entrevista en prensa tenía y sus respuestas con cuidado ensayaba ante su entusiasta reflejo.
–Ya tenía yo ganas de que alguien me hiciera esa pregunta, mucho he pensado en tema tan importante. Si usted se fija bien, verá que todos los gobernantes hablan de principios políticos, todo el mundo principios políticos tiene. Pues mire por donde yo discrepo y soy diferente, no soy un político de principios, yo soy un político de fines. Muy fácil y muy bonito es quedarse sólo en el inicio y hacer propuestas difusas que nunca se cumplieran, pero eso conmigo no ocurre porque yo soy de los pocos que dan la cara y nunca a medias me quedo. Yo siempre llego hasta el final, y quiero aprovechar que todo el mundo me escucha para dejar muy claro que yo no tengo principios políticos ni nunca los tendré.
Cuando terminó, gran complacencia mostraba su espejo por la solidez de sus valiosos argumentos, aunque muy agotado se sentía. El barón tenía la acertada teoría de que el cerebro se agotaba si un excesivo uso se le daba, y temía cometer un grave abuso, pues en los últimos años ya eran muchos los minutos que lo tuvo conectado.
El señor Graznar muy bien sabía que las grandes ambiciones requerían de muy sólidos apoyos para verse cumplidas, y rodearse debía de consejeros trabajadores, intachables, luchadores, brillantes, pero segundones. Líder uno debía ser, porque luego surgían las divisiones de poder que conducían a inevitables excisiones que grandes proyectos truncaron e ilusiones destrozaron. Si algo tenía muy claro es que de jefe sólo él y los demás a obedecer.
Durante algún tiempo recibió a aquellos y aquellas que decían ser afines y su propuesta aprobaran de dar vacaciones pagadas y de por vida al brujo en su tierra querida cuando la reunión del clan llegara. A mucha gente joven y valerosa recibió, procedían de todas las regiones y le contaron sus proyectos y admirables intenciones. Muy complacido el señor se hallaba de tantas posibles colaboraciones. Ante todo, a un primer hombre buscaba que completara la cabeza del clan, para después el resto del equipo formar. Don José había mandado hacer un profundo seguimiento de cada aspirante para seleccionar a la gente más capacitada.
El barón del Puntapié gustosamente se encargó de investigar a todos aquellos que su jefe le decía. Mucho interés y cuidado por su trabajo se tomó, ya que gente importante a su grupo llegaría y no era cuestión que un cualquiera se colara, pero a Paco mucho más le preocupaba que alguien, con menos méritos que los suyos, carantoñas a su jefe le hiciera y con su puesto se quedara.
El día de la gran decisión llegó, y el señor a su consejero llamó y le pidió que su informe llevara.
–Mira Paco, como bien sabes a mucha gente he recibido y muy especial seguimiento de muchos te he pedido.
–Sí señor, y fielmente he cumplido con la labor encomendada. Conmigo traigo todo aquello que de cada una de estas ilustres personas mi señor debiera conocer. Aunque le confieso que algo se me escapa del propósito que trama.
–Te contaré mis intenciones y, por supuesto, espero tus opiniones, pues muy bien sé que siempre equilibradas y desinteresadas son.
–Ya sabe mi amo que vivo sin vivir en mí para que los objetivos de mi señor se puedan cumplir.
–Lo sé y lo aprecio. Y ahora te cuento: creo que esta ínsula pequeña se nos ha quedado a nuestras aspiraciones; el mundo es muy grande y muchas tierras quedan por conquistar para nuestra noble causa.
–Cierto señor, los mapas he consultado y lo he comprobado.
–¿Qué piensas tú del brujo Fragante? ¿Crees que ha perdido su talante de gobernante debido a la avanzada edad de su sesera?
–Yo coincido en todo con vos.
–Me lo imaginaba, viejo se ha quedado para soportar una carga tan importante, y creo que en el próximo congreso hacerme cargo debiera del futuro de nuestra familia popular.
–Muy cierto eso es.
–Para tan alta responsabilidad asumir nos ha de acompañar gente de alto nivel, pues tú y yo solos a todas las huestes del virrey de Sevilla no nos podremos enfrentar con garantías de triunfo.
–A todos no mi señor, pero os aseguro que ya me bastaría yo para dejar a la mayoría de esos tunantes maltrechos por el camino.
–Últimamente mucho has aprendido y, como bien conoces, en esta gran batalla de poco sirven la fuerza de los puños comparada con la generada por las ideas.
–Lo sé mi señor, y lo decía en sentido figurado pues no serían mis golpes los que machacaran a esos villanos, sino mis trovos brillantes y eruditos que a la voz de mi amo imitaran. Aunque no os digo yo que una excepción no hiciera si a tiro de mis puños se pusiera Arfonzo el Iluminao, que todas las luces juntas viera de la somanta de palos que yo le diera. Y ahora sí que no hablo en sentido figurado.
–Te comprendo perfectamente porque muchos méritos hace para ello, pero los golpes de los puños en mártir le convirtieran y a nosotros nos hundiera. Hay otros golpes que duelen más y son los que hemos de dar. Aunque ya le llegara su momento, mas ahora otras son nuestras preocupaciones. Hablemos de nuestros futuros colaboradores.
–¿Por quién quiere usted empezar?
–Hay un hombre que muy grata impresión me causó. Qué moderación que templanza, qué discreción, qué habilidad haciendo cuentas, ni en una suma ni en una resta se equivocó; incluso cómo invertir mis ganancias me aconsejó.
–¿Habláis de maese Periodo Breve?
–Efectivamente, del señor Rodrigo Periodo Breve os hablo. ¿Qué has averiguado de él?
–Es cierto que importante señor parece, protagonismo no ambiciona y de cuentas sabe un rato, aunque el consejo que me dio de cómo mi dinero invertir en una empresa solvente pudo salirme caro, puesto que a la semana siguiente la empresa en quiebra dio.
–Un error lo tiene cualquiera, yo tuve mejor suerte y grandes ganancias he obtenido con sus conocimientos.
–Mosquéome señor, mosquéome. Si ese señor fortuna os quiere dar y mi ruina buscar, puede pretender hacerme la cama y quedarse como vuestro primer consejero, y quien sabe si con otras metas más altas no sueñe.
–No me seas suspicaz, ya sabes tú que esta gente de los números sólo disfrutan con sus cuentas y no han nacido para mandar. Como asesores muy buenos son, pero de regidores no tienen carisma porque sólo cifras ven y carecen de la formación humanista que tenemos la gente más lista, como tú y como yo.
–Muy cierto es señor que no tiene nuestros dotes mundanos ni el arte para hacer trovos, y contable mayor del reino necesitaremos cuando al gobierno lleguemos.
–Creo que con él un fuerte triángulo formamos. En el vértice superior yo: el cerebro y el carisma aporto e indico la dirección a seguir. En la parte inferior y a mi derecha vos: de primer consejero por tu capacidad de gobernante y tu don para el mando; y en el otro extremo y no tan a la derecha, mas nunca a la izquierda, eso quede claro, a maese Rodrigo colocamos. Y si cerebro, mando y dinero bien unidos se encuentran, ninguna meta imposible para nuestro proyecto habrá.
–Si ya tenemos al triángulo que manda, ¿qué otras personas necesitamos?
–Aún quedan muchas por decidir, pero creo que justo es que lo hagamos entre los tres. Si triunvirato formamos, en equipo avanzar debemos, ya que este cerebro mío necesita a su brazo derecho y a su segundo brazo derecho para avanzar erguido.
–¡Qué bien os expresáis mi señor! Vuestra claridad de cavilamiento me alucina y subyuga.
–Localízame a maese Periodo, y los tres juntos plantearemos la estrategia a seguir para en la asamblea alcanzar el poder.
Y así es cómo el señor Graznar poderosa trinidad decidió crear para bien arropado avanzar hacia el triunfo final.